martes, 19 de mayo de 2009

Documentos Clasificados IV

Expediente 09K365-F1 Fecha 190509 Documento #1

Copia del informe del servicio del día, realizado por el figurante número 5, extraída de los archivos del expediente.
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Fecha: 12/05/09 Fig. nº: 005 Zona: G-43-6-5
Hora de inicio: 08:00 horas Punto de encuentro: el habitual
Traslado al starting point: Sin incidencias destacables
Inicio ruta: 08:25 horas
Informe:
Tras la llegada al starting point, me dirijo a realizar mi ruta, planificada de acuerdo a los parámetros establecidos en el manual de actuación.

08:25 – Inicio ruta con normalidad.

09:15 – Un individuo de aspecto menesteroso, que se encuentra tirado en el tranco de un local aún cerrado, donde por los indicios ha pasado la noche, se levanta y parece buscar una esquina o rincón donde miccionar. Aunque intento disimular, mi presencia parece incomodarle. Recibo una serie de improperios no reproducibles. El individuo se aleja mascullando sin haber consumado sus intenciones. Primer éxito del día.

09:35 – Parada para almorzar en el bar Mariano VI, local de aspecto correcto y aceptable higiene para la zona en la que se encuentra, aunque de incierto futuro a tenor de la escasa parroquia. (Me asalta la duda de si ya existen 5 bares llamados Mariano o si este es el sexto intento de su propietario por triunfar en el mundo de la hostelería). Consumición: bocadillo de queso manchego semi con pan con tomate, agua natural y cortado. Total: 4,25 € (se adjunta ticket).

10:05 – Reanudo ruta.

10:45 – A la altura de la Catedral, una familia de turistas alemanes, padres de aspecto rubicundo e hijos desproporcionados a medio desarrollar, todos con sandalias y calcetines blancos, me interpelan para saber donde presentar una denuncia: han sido robados mientras estaban almorzando en la terraza de un bar próximo. Deduzco este hecho después de un arduo esfuerzo de comprensión pues la conversación se desarrolla medio en alemán, medio en ingles, medio en castellano. Les acompaño a la comisaría más próxima, que está al girar por la siguiente calle, apenas a 200 metros de donde les han robado. Los amigos de lo ajeno no se inmutan por la proximidad de la autoridad.

12:00 – Veo a un grupo de seis jóvenes, de unos veinte años más o menos, de estética alternativa (la verdad es que desconozco los códigos visuales de clasificación juvenil, por lo que, para mí, todos son de estética alternativa). Están sentados en un banco público y observan con interés un edificio cochambroso, con el portal tapiado, que parece se vendrá abajo con el aleteo de una mosca.

12:30 – Al anterior grupo se han sumado 10 individuos más, entre chicos y chicas de similar edad, todos con bolsas o mochilas. Intento acercarme disimuladamente, mirando los escaparates de las tiendas, pero en este trozo de calle apenas hay comercios y ya llevo más de veinte minutos mirando el aparador de una vieja mercería de barrio. La que parece ser la propietaria me mira con semblante de sospecha desde el interior.

12:45 – Después de cerca de cuarenta minutos mirando fajas y otros adminículos diseñados a tal efecto, algunos de los jóvenes ya se han percatado de mi presencia como elemento discordante en el entorno.

13:00 – Los acontecimientos se desencadenan. Un parte de los jóvenes, con la ayuda de un pico que han sacado de una bolsa, tira abajo la pared de ladrillo que tapia el portal de la finca cochambrosa y entra rauda en el interior. El resto que permanecía vigilante les sigue con las bolsas y mochilas, menos uno que se dirige hacia mí con aire belicoso y lanzándome insultos. En realidad lo que hace es distraerme del que viene por mi izquierda y al que no veo hasta que el bate que empuña impacta en toda mi cara.

20:00 – Siete horas más tarde, una nariz rota, seis puntos en una ceja y cinco dientes menos (cuando caí al suelo se ve que me patearon aunque no puedo recordar nada más que fajas), escribo este informe en el coche del supervisor, que ha sido tan amable de sacarme del hospital cuando los policías me preguntaban, ya un poco suspicaces, qué estaba haciendo yo allí, vestido de turista imbécil, con una cámara fotográfica y un aparato que al pulsarlo hizo venir a una dotación de la Guardia Urbana que cuando vio el “marrón” dio media vuelta a toda velocidad.

Fin del informe.

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