Enric Pérez.
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Los viernes comedia: Enchanted (2007). Antes que nada, al Cesar lo que es del Cesar: debo el conocer (y disfrutar) esta película a mi hija, entonces con 3 años. Fue la primera película que se tragó enterita y dos veces seguidas. Se la había alquilado una lluviosa tarde de domingo para pasar el rato pero fue tal el impacto que salí a comprarla enseguida a una de esas tiendas que monta El Corte Inglés y que no cierran nunca. Es este film un clásico “desclasicalizado”, una vuelta de tuerca a las películas Disney de princesas. Dirigida por el desconocido por estos pagos Kevin Lima e interpretada en los principales papeles por Patrick Dempsey, estrella juvenil reconvertido en médico “buenorro” de Anatomía de Grey, y Amy Adams, una estrella ya consagrada (ahora tiene en pantalla Julie y Julia con Meryl Streep, con la que trabajó en la dramática La duda) por la que ya confesé mi debilidad. El argumento: Giselle es una princesa de dibujos animados que vive en su casita del árbol, rodeada de muchos animalitos simpáticos que hablan, esperando que llegue su príncipe azul. Pero primero llega el Ogro y Giselle ha de huir para ser salvada in extremis por el príncipe, que también busca con quien compartir su amor. Después del feliz salvamento quedan para casarse al día siguiente, pero antes de la boda, la madrastra del príncipe (reina del reino y bruja, naturalmente) temerosa de perder su reinado la lanza al pozo mágico que comunica su mundo de fantasía con el nuestro. Y nuestra princesita, ya convertida en toda una mujer de carne y hueso, aparece en Times Square vestida de novia y en hora punta de salida de los trabajos. A partir de ahí hay un sinfín de momentos cómicos, canciones preciosas, emociones y el mundo al revés. Aparece otro príncipe aunque más que azul al principio es gris porque está desencantado del amor, divorciado y con una hija pequeña que mantener (y también con novia celosa), el príncipe de dibujos y la ardilla Peep viajan a través del pozo a rescatar a Giselle, también viene a este mundo el gordinflón ayudante del príncipe y espía de la reina para impedirlo. Y al final la mismísima reina, encarnada en el cuerpo de Susan Sarandon, ha de tomar cartas en el asunto. De principio a fin Disney Pictures se ríe de su misma. Todo está lleno de guiños y referencias a las películas clásicas, la música de Alan Menken (habitual de Disney) es fabulosa como siempre, todos los actores trabajan con un entusiasmo y una naturalidad sobresalientes y el conjunto brilla sobremanera. Al final todos felices comiendo perdices. Como los tiempos han cambiado, ahora el verdadero príncipe azul es divorciado y con niña, aunque al final ha de ser él el que sea rescatado de las garras del dragón por la aguerrida princesa, que en su paso de dibujo a persona conoce el verdadero amor, el dolor y los sentimientos encontrados. Eso sí, es muy apañada y de cualquier retalito que pilla se hace unos vestidos que ni los modistos de París, oiga. Y colorín colorado…..
Cuando yo tenía diez u once años y ya me dejaban ir un rato solo a la plaza delante de casa (eran otros tiempos), los colegas y yo nos íbamos a otra parte, naturalmente, y solíamos acabar en los “chelines”, deformación de la palabra “futbolines”, producto de una mente desconocida cuyo origen se perdía en el tiempo. Para nosotros los “chelines” siempre se habían llamado así, ésta era una verdad inmutable. En alguna ocasión nos podíamos referir al local como los “futbolines” pero, en cualquier caso, nunca como los “recreativos”, expresión que considerábamos más cursi que un pijo con un jersey rosa anudado a la cintura. Tampoco lo llamábamos los “billares” a pesar de que tenía varias mesas de billar, francés por supuesto, pues la mariconada de las bolitas de colorines aún iba a tardar en llegar. A dichas mesas de billar sólo se atrevían los muy osados de las generaciones del barrio que nos precedían en edad, gente siniestra de malas costumbres y mirada torva de entre dieciséis y veintitantos años. Que su destino estaba marcado lo demuestra el hecho que, años después, acabaron todos en la cárcel o muertos o ambas cosas. El caballo corría veloz por aquellos tiempos. Pero yo iba a hablar de otra cosa. En los “chelines” había una máquina de discos, sencilla pero hermosa, ancha como ella sola, en la que una pieza en forma de pinza, en la que se encontraba la aguja, recorría una guía de un extremo a otro del aparato buscando el “single” previamente seleccionado con unos grandes y cuadrados botones blancos. C 8, y allá que iba la pinza hasta detenerse frente al disco elegido de toda la formación de discos, todos erguidos y alineados como para pasar revista. Entonces el disco basculaba hacia delante hasta introducirse en la pinza que lo sujetaba y empezaba a girar mientras la aguja entraba en contacto con el vinilo. Y empezaba la música. No recuerdo todos los discos que tenía la máquina, no más de quince o veinte, pero no variaron mucho a lo largo de los años. Eran como una especie de Hit Parade perpetuo. Era un misterio para mí quien había metido allí esa máquina y, sobre todo, quien cambiaba muy de tanto en tanto alguno de los discos. Pues era evidente que el señor José, el encargado del local, no estaba dotado para esos menesteres. Su trabajo consistía en desatascar bolas de los futbolines, monedas de las máquinas de pinball, dar las tres bolas de billar a los jugadores y mantener el orden y las buenas costumbres acompañado por un pedazo de tranca de ese noble material llamado madera. La revolución tecnológica que supuso la aparición de las primeras máquinas electrónicas (la del tenis, la primera de marcianitos y el clásico comecocos), junto con la mala vida, todo hay que decirlo, apartaron con los años al señor José de sus labores, siendo sustituido por sucesivos jóvenes imberbes carentes de su genio y de los sabios pescozones que solía darte si te pillaba.
Por motivos de trabajo he ido esta mañana al banco. Delante de mí, un hombre mayor, sesenta muy largos, pero muy bien trajeado. Es bajo, uno sesenta y tantos, más bien gordo, respira con dificultad a pesar de llevar adherida a la nariz una de esas tiritas rígidas que abren las fosas nasales y que venden como remedio para los ronquidos. Parece a unos pocos pasos del infarto. El sujeto que le atiende en la ventanilla es joven, alrededor de veinticinco si llega. Solo puedo ver su camisa y su corbata, que claramente no conjuntan. Además, el nudo de esta última es demasiado grueso, como para amarrar un barco. Se ve que al acabar la carrera pasó de los tejanos y las camisetas a la americana con corbata, un salto muy temerario si no se cuenta con un bagaje de colchón. El joven está claramente molesto con la lentitud del viejo, que no acierta a decir coherentemente su DNI. Suelta un “como es natural, no me sé la cuenta”, con una sorna que dice que será viejo pero más chulo que un ocho. Es el típico cliente de “antes”, el que conocía a todos los empleados por su nombre porque los empleados eran siempre los mismos durante muchísimos años. Ahora un banco cambia más rápidamente de empleados que un famoso de pareja. Ingresa un talón en su cuenta pero a pesar de ello está en números rojos, como le dice el joven claramente para que, además del cliente, nos enteremos todos. Pero, aparte de mí, no hay nadie más en la cola. Es un banco que presume en su nombre de ser muy conocido, pero se ve que no es muy visitado.
Vuelve Dolores. No la Lola del otro día sino Dolores O’Riordan, junto con el resto, vuelven The Cranberries, en marzo próximo en Madrid y en abril en Barcelona. Vuelve Dolores, mi Dolores favorita con permiso de mi madre la mejor Dolores que ha habido nunca. Dolores O’Riordan, con ese aspecto frágil pero fuerte a la vez, con esa voz dulce que parece quebrarse pero potente y roquera cuando quiere. No tuvo una infancia fácil debido a desgracias familiares y económicas, amén de nacer en la católica Irlanda, y habría preferido ser un chico, pero su talento y su voz la llevaron al éxito. Bien por las chicas luchadoras. Ahora, después de más de seis años de parón del grupo en los que sacó dos álbumes en solitario, vuelven a la carretera y puede que haya nuevo disco y todo.
Los viernes comedia: Roman Holiday (1953). Comedia al estilo clásico de Hollywood, supuso un gran cambio a la hora de los rodajes en exteriores para una industria muy acostumbrada al cartón piedra salvo cuando se iba al Oeste o a la guerra. Cuenta el film con los ases habituales en la época dorada de los estudios: un gran director, Willyam Wyler, y grandes actores como Gregory Peck, una superestrella de Hollywood, Audrey Hepburn, en su primer papel protagonista con el que consiguió el Oscar, y naturalmente Roma. El argumento: Anna es una joven princesa aburrida del protocolo, las ceremonias y el no poder hacer las cosas que una chica de su edad hace. Aprovechando la ocasión de su visita oficial a Roma, se escapa y acaba durmiendo en un banco público donde la encuentra Joe, periodista norteamericano que la reconoce al instante. Compinchado con un amigo fotógrafo, pretende hacer un reportaje de la escapada de la princesa y ganar 5.000 dólares de los de entonces. A lo largo de un día la pareja disfruta de su recorrido por la ciudad mientras el fotógrafo va tomando las instantáneas pertinentes. Pero el encanto de la princesa y Roma no tardarán en hacer efecto y el amor hará que Joe desista de sus propósitos iniciales. La pareja se separa al final, pues eran otros tiempos, pero, pese a todo, a los románticos no nos queda mal sabor de boca, estamos ante un clásico.
- Estoooo………...¿Cariño?........... Sí……….verás………..es que hoy llegaré más tarde a casa…………….…sí, más tarde……………………..…. es que nos hemos quedao dormidos en la oficina y se nos ha acumulao la faena y el comisario ha dicho que como no terminemos con todo lo pasaremos mal………………..………....sí, bueno, lo que ha dicho de verdad es que como no acabemos de una puta vez nos meterá a todos una escoba pol culo……………………………………......que no mujer, que no te estoy mintiendo……………………...................………no, no he bebido (falta me haría)……………………………..no, no he dicho nada, será una interferencia……………………………....pero ¿Cómo puedes pensar eso, mujer? Yo no te engañaría nunca…………………………...Nunca, claro que no…………………………..lo prometo………………….lo juro por los niños………………………..sí, por mi madre también………………............................…….¿tas mejor?.......................sí, en cuanto pueda vuelvo…………………sí, iré con cuidado sí…………………….¿el follón?...................es que hay un coche ardiendo y un capullo se va corriendo de una tienda sin pagar las cosas qu'ha robao, pero en cuento te cuelgue le vi a meter dos tiros que se le quitarán las ganas de joder la marrana otra vez……………………………………sí, sin mancharme, sí………………………...........…………ya sé que te cuesta mucho sacar la sangre……………...........................………lo haré………………......…………………………un beso…………………………yo también te quiero………………………..yo más………………………………no, tú……………………………no, cuelga tú……………………………..tú primero………………………………bueno, te dejo qu’he visto un negro con una radio y seguro que nossuya ¡EH TU! ¡EL NEGRO! ¡VEN PACA!