miércoles, 17 de junio de 2009

Nada que declarar

En la vida de hoy, cuando todo va tan deprisa y está regido por innumerables actos automáticos, la despersonalización se torna un hecho cotidiano, nos desdibujamos. Entramos en una rutina, somos la rueda que gira y gira. Cuando, por alguna circunstancia, nos detenemos (algo nos falla en la rutina o al finalizar el día) es cuando percibimos el vacío, el vértigo. Todo se vuelve extraño, sin sentido. Incluso los plenamente integrados, a base de saturación, también lo perciben. No digamos ya los que nos estamos haciendo preguntas todos los días.
Esta fotografía que hice el otro día creo que refleja a la perfección esta situación: somos como maletas, contenedores que llenamos de gadgets, parecemos muy completos al pasar por la vida, pero el escáner refleja la realidad, estamos vacíos.



Nada que declarar

3 comentarios:

Libussa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Libussa dijo...

Individualismo vs. Individualidad

Cuando llegué a Barna con mi ruralismo a cuestas me impresionó esa... capacidad de despersonalizar con todo cuanto sucediera alrededor. Era como el ruido del árbol que cae en el bosque, sólo que cada 'bosque' tenía el tamaño exacto del espacio vital, y cuanto ocurriese fuera, simplemente no existía.

Es curioso, y simbólico, que en ese bolso exista un candado (ángulo superior derecho). No tenemos nada de valor, pero aún así, el celo nos exige protegerlo.

Texto reflexivo, Enric, y ciertamente triste.

Bon dia.

Enric Pérez dijo...

En una ciudad como Barcelona puede costar comprender el ritmo, la manera de la cosas, la gente necesita más tiempo, lo urbano los hace así pero al final también se abren.
Beso.