miércoles, 19 de enero de 2011

Una noche cualquiera

Paseo por la calle a esa hora de nadie que va de las nueve a las diez de la noche. Es un momento del día en el que mengua la cantidad de gente que camina por las aceras. Los que quedan van presurosos para llegar cuanto antes a sus casas, a cenar con sus familias. O quizá no. Quizá sólo desean salir del mundo y refugiarse en sus cubículos para coger fuerzas hasta el día siguiente.
Pero hay otros paseantes que llevan otro ritmo diferente, como más derrotado. Me cruzo con una mujer que habla por el móvil. Es una conversación de recriminaciones, de culpas. Palabras gastadas a fuerza de repetidas que vuelan como dagas una vez más. Paso junto a una farmacia bunkerizada, con su ventanuco dispensador, frente a la que se ordenan en cola ya unos pocos transeúntes. Es pronto para ver ojos vidriosos, rostros ausentes y semblantes colgados pero todo llegará. En un pequeño cajero automático, pequeño recibidor bancario de los pocos que no han sido sustituidos aún por una máquina directamente orientada a la calle, se refugian dos hombres jóvenes de aparente origen africano. Charlan entre ellos, probablemente se expliquen sus cuitas del día, o de toda una vida.
Para los que no lo conozcan, el cruce de las calles Numancia con Berlín es uno de esos cruces amplios, rectilíneos y anodinos, de cinco carriles por calle y esquinas sesgadas al gusto del ensanche barcelonés al que, sin embargo, no pertenece. Dominan tres de sus cuatro chaflanes un banco y dos cajas de ahorro. El cuarto queda para un imponente edificio de oficinas con carteles de alquiler disponible. A esa hora de la noche y con una leve bruma que amortece la luz de las farolas, el cruce asemeja irreal. Podría encontrarme en cualquier otra ciudad, en cualquier otro país. Eso debe ser el desarraigo, estar en cualquier sitio y no estar en ninguno.
Voy de vuelta a casa. Las calles empiezan a mojarse a causa de la humedad y ya apenas se ve gente. Todo parece ralentizarse en espera del día siguiente. Ya voy llegando.

7 comentarios:

SIL dijo...

A esa hora de la noche y con una leve bruma que amortece la luz de las farolas, el cruce asemeja irreal. //

Llegar y tener dónde llegar...


BESO

SIL

Nieves LM dijo...

Me encantó tu paseo. Besos.

Dr.Krapp dijo...

Es una hora leve, como si la gente quisiera pasarla de puntillas para ir a otra parte, a otro país y si además está envuelta en la bruma a veces parece extrañamente irreal.

Tesa dijo...

Y aquí, sin embargo, han decidido que la discoteca "Casco Antiguo" también va a abrir desde ahora los jueves de 22,30 a 3 de la mañana.
Ays... con lo bien que se está a esas horas en casita.

Novicia Dalila dijo...

Yo también me fijo mucho en mi entorno, independientemente de la cantidad de gente con la que comparta esos ratos....
Me ha gustado tu descripción, Enric. Mucho.

Un beso fuerte

Gemma dijo...

Genial! he ido contigo...

Y tienes razón, las calles a esas horas, como no estés en el centro quedan prácticamente vacías, te veo un poco melancólico.

Tu narrativa descriptiva va ganando terreno y calidad, mentalmente lo he dibujado todo

Muchos besos Enric, un gustazo leerte.

Enric Pérez dijo...

Me habéis sacado los colores, en especial tú, Gemma. Gracias por vuestros comentarios.