lunes, 31 de mayo de 2010

Casi na...


PUES ESO

viernes, 28 de mayo de 2010

Pijama para dos

Los viernes comedia: Lover come back (1961). Ésta es la segunda película que rodó el trio Doris Day/Rock Hudson/Tony Randall. La primera había sido Confidencias a medianoche y la siguiente sería No me mandes flores. Las tres son comedias brillantes en las que el engaño, de una u otra forma, es el nudo de la acción. Las dos primeras son más parecidas en el esquema argumental pues Rock y Doris son antagonistas hasta el final de los filmes en los que el amor triunfa, mientras que en la tercera ya están casados y las circunstancias son otras. El argumento: Jerry (Rock) y Carol (Doris) son dos ejecutivos publicitarios que viven su profesión en las antípodas el uno del otro. Mientras Carol es una dura trabajadora, profesional y honesta, Jerry consigue los contratos a través de juergas, fiestas y proporcionar chicas a sus clientes. Precisamente a una de esas chicas le ha prometido ser la protagonista de un anuncio de televisión y monta para ella un falso rodaje para promocionar el inexistente producto VIP (luego tiene la intención de decirle que la campaña se ha cancelado). Pero por error, el anuncio se emite. Para evitar que el consejo de publicistas lo sancione (pues lo está investigando por sus malas prácticas a instancias de Carol) contrata a un químico Linus Tyler para que invente el VIP. Pero Carol, que no sabe nada y cree que el VIP existe y está a punto de ser lanzado, busca al químico para conseguir la exclusiva y se encuentra con Jerry (al que no conoce personalmente) que se hace pasar por el científico para distraer a Carol, ganar tiempo y de paso aprovecharse. Para esto último y en su papel de químico, Jerry finge ser tímido y haber vivido poco la vida pues siempre se ha dedicado a la ciencia. Carol, por temor a que el crápula y disoluto Jerry convenza al científico Linus con sus tácticas habituales, llega al punto de estar dispuesta a entregarse al que cree Linus para conseguir la exclusiva aunque descubre a tiempo el engaño y salva su virtud in extremis. Como veis, aunque se suele tachar a estas películas de ñoñas, tienen bastante mala leche por debajo. Naturalmente al final triunfa el amor pues estamos en Hollywood y apenas han comenzado los felices sesenta.

Éste es el trailer que nos presta para la ocasión el simpático canal autonómico de Castilla La Mancha.



Los diez primeros minutos de la película. Dos “estilos” de hacer publicidad. Fijaros que en los títulos de crédito iniciales el nombre de Rock está en rosa y el de Doris en rojo ¿Mensaje subliminal?



Un recorrido sentimental a través de las fotografías de esta belleza, acompañados por la propia Doris, una de las mejores voces de todos los tiempos.



NOVEDADES

Hoy tengo ganas de reírme sin complejos. Las pelis de descerebrados siempre las han protagonizado adolescentes o jóvenes salidos. En Jacuzzi al pasado serán unos cuarentones los encargados de demostrar que la idiotez es transversal. Además, sale John Cusack, un tío simpático que siempre queda bien haga la película que haga.



Feliz finde para todos.

jueves, 27 de mayo de 2010

Un camino de vuelta (7)

VI
Samuel Caldén era un tipo de mediana estatura y de complexión fornida, lo que se conoce habitualmente como aspecto rocoso. Siempre llevaba el pelo más bien corto y vestía con discreción. Todo el conjunto le daba un aire atemporal. Si preguntáramos a la gente por la calle qué edad pensaban que podía tener, todos dirían que debía estar entre los treinta y cinco y los cuarenta. En la suite de la tercera planta del Rex Max, hacía seis años de aquello, Caldén ya parecía tener entre los treinta y cinco y los cuarenta. Se acercó al borde de la cama y se sentó junto a la muchacha.
- ¿Cuantos años tienes?
- Diecisiete – Le dijo el hilo de voz.
- Aparentas menos – Le respondió él, sin acabar de creerse aquella edad.
- Eso dice el señor Max y también que es una suerte – Josephine había hecho un gran esfuerzo por hilvanar más de dos palabras seguidas.
- ¿Y qué más dice el señor Max? – Preguntó Caldén.
- Que haga lo que usted me diga – Ella se mordisqueó el labio inferior como para evitar que salieran algunas palabras más que, de todas formas, acabaron saliendo - ¿Me hará daño?
- No, preciosa – Sonrió Caldén – Lo más probable es que me lo acabes haciendo tú a mí dentro de un tiempo.
Ella no entendió aquellas palabras pero tuvo la sensación que, a pesar de todo, aquel era un buen hombre. Él la rodeó con su brazo izquierdo, la atrajo hacia sí y la besó con suavidad. Ella se dejó hacer y cuando sus labios se encontraron con los de él los dejó entreabiertos como había visto que hacia una actriz una vez en una película. El olor y el sabor de él le gustaron.
VII

Eran ya más de las once de la noche cuando el Dandi Robert entró en El Poste, un bar del centro que había al final de la última callejuela justo antes de la entrada a la plaza del ayuntamiento. No vio un alma y se fue a sentar en el extremo opuesto de la barra, de cara a la entrada. Le dolía el estómago todavía por el puñetazo de Caldén “¡Maldito cabrón de mierda!” “¡Un día de estos te vas a enterar hijo de puta!” Las palabras del barman lo sacaron de sus pensamientos.
- ¡Caramba Dandi! ¿Qué le ha pasado a tu traje?
- Métete en tus asuntos y ponme una copa – La mención de su traje arrugado no le hizo ninguna gracia.
- Cualquiera diría que te han atropellado o algo así – Al barman le encantaba chinchar a Robert. Detrás de una barra se cala enseguida a la gente y Robert era un soplagaitas de cuidado.
- He tenido un encuentro con un bofia pero le he dejado las cosas claritas. Con el Dandi no se mete nadie – Robert se bebió de un trago la copa que le acababa de servir el barman.
- Y seguro que le has dicho que se meta en sus asuntos ¿Verdad? Oye ¿Eso ha sido antes o después de que se te arrugara el traje? – El barman intentaba sin éxito contenerse la risa.
- Ríete lo que quieras pero le he dicho “Inspector Caldén: no dejaré que me avasalle. Soy un ciudadano respetable y tengo mis derechos. No sé nada y nada le diré”.
- Y ¿Qué quería saber Caldén? – Las palabras las acababa de pronunciar un hombre alto embozado en un abrigo negro y con el sombrero calado hasta los ojos, salido de un reservado del fondo del bar.
El Dandi Robert reconoció al instante a uno de los matones del Jefe. Sin ser consciente del porqué, recordó que no le había dado un beso de despedida a su madre aquella tarde.

(Continuará)

A pesar de tener sólo dos cadenas, la primera y el UHF, Televisión Española se prodigó en la emisión de series de todo tipo que los españolitos, deseosos de ver el mundo que había por ahí, devoraban con pasión. A mi me gustaba mucho ésta, Los Persuasores (1971). Roger Moore y Tony Curtis interpretaban a dos playboys millonarios, inglés y americano respectivamente, que se dedicaban a resolver entuertos. La serie tenía su gracia, pero lo que a mí me fascinaba de verdad era la música de los títulos, compuesta por John Barry, autor de la banda sonora de muchas películas, desde la serie James Bond hasta la maravillosa Memorias de África.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Aunque con retraso...

Candy Darling

Candy came from out on the Island
In the backroom she was everybody's darlin'
But she never lost her head
Even when she was giving head
She says, Hey babe
Take a walk on the wild side
I Said, Hey baby
Take a walk on the wild side
And the coloured girls go
Doo do doo do doo do do doo..

martes, 25 de mayo de 2010

A paso y medio.....o no.

No dije nada el otro día pero ayer lunes fue fiesta en Barcelona, con lo que hemos podido disfrutar de tres días de descanso (el que haya podido, claro). Yo esta vez no me quejo, el fin de semana ha estado bien. Desde luego he podido desconectar un poco más que otras veces, he dormido bastante y esta mañana en la oficina me ha costado arrancar, como si fuera nuevo (para mí eso es buena señal). Y he dicho lo de “esta vez”, porque habitualmente no es así. Llegan los fines de semana y no descanso, duermo poco y mal (y no porque salga de juerga, malpensados), me empieza a doler todo como si durante la semana los dolores se hubieran esperado (para joderme) a que tuviera fiesta, no desconecto y muchos domingos me sorprendo deseando que llegue el lunes para volver a llevar una semana laboral más equilibrada ¿Estaré mal de la azotea? ¿Soy carne de diván? ¿Estoy a paso y medio de la pitopausia?
Dicen que en este mundo occidental nuestro no nos planteamos la vida con calma y que más que trabajar para resolver los problemas que tenemos lo hacemos para producir nuevos problemas que sustituyan a los viejos. El otro día me dieron un ejemplo: si desde los 70 se hablaba de la diferencia intergeneracional y la falta de comunicación entre padres e hijos ¿Qué hace la sociedad moderna? Pues inventa Internet y la telefonía móvil para aislarnos aún más a todos. Ahora la falta de comunicación no es entre generaciones sino entre individuos de la misma generación. ¿Que qué tiene esto que ver con el primer párrafo? Pues que quizá (sólo quizá) hayamos corrido todos mucho y que con menos carrera y menos esfuerzo pudiéramos disfrutar mucho más y mejor de la vida que nos han dado, con menos prisas y menos artilugios. Ya sé que esta idea va contra los mercados (como se repite tanto últimamente) pero si nos tomáramos las cosas con un poquito más de calma igual hasta nos lo pasábamos mejor (igual). En cualquier caso, tomémonoslo con calma, hagámoslo fácil….


viernes, 21 de mayo de 2010

Juan Nadie

Los viernes comedia: Meet John Doe (1941). Aunque cuando fue rodada el mundo ya estaba en guerra (no los EEUU aunque poco faltaba) y ya había suficientes motivos de preocupación, el tema y la acción de la película nos traslada a un punto indeterminado del reciente pasado de unos USA inmersos de pleno en la Gran Depresión. La película está dirigida por Frank Capra, conocido especialmente por “Qué bello es vivir” con James Stewart, y del que traje anteriormente a esta sección “Sucedió una noche” con Clark Gable. Su protagonista es Gary Cooper, primera elección de Capra y que aceptó el papel sin leer el guión pues quería rodar a las órdenes del director y trabajar con la protagonista femenina, Bárbara Stanwyck, que no fue la primera candidata pero sí la que no tenía problemas contractuales ni disputas entre estudios, tan habituales en aquella época.
El argumento: Ann acaba de ser despedida por el periódico para el que trabaja. El medio ha cambiado de manos y su nuevo dueño, un ambicioso magnate de los negocios deseoso de entrar en política, quiere “adelgazar” la factura y dar al diario un tono claramente sensacionalista. Como rabieta y venganza, Ann inventa para su último artículo la supuesta carta de un ciudadano corriente, que firma como Juan Nadie, harto de las injusticias de la sociedad y de los chanchullos de los poderosos. El artículo-carta denuncia todo lo denunciable y acaba anunciando el suicidio de su autor, Juan Nadie, para el día de Navidad, como supremo acto de protesta. El artículo es un bombazo de enorme éxito y el periódico se ve obligado a readmitir a Ann. El magnate quiere aprovecharse de la situación y encarga a Ann y al director del periódico una serie de artículos. Se procede a hacer un casting entre desempleados y vagabundos para elegir un Juan Nadie al que pasear, utilizar y del que prescindir después. Y el elegido es John Willoughby (Gary Cooper), un vagabundo ex jugador de béisbol, que busca dinero para operar la lesión de su hombro y poder volver a jugar. Juan Nadie es vestido elegantemente, mostrado en público, se le escriben las palabras y discursos que ha de pronunciar y se genera un movimiento popular espontáneo de apoyo que el magnate quiere aprovechar en beneficio de su carrera política. Mientras tanto Ann y John se han enamorado. Pero éste, que ha llegado a creerse la filosofía de los discursos que le han escrito, descubre que todos le han utilizado, incluida Ann. Al intentar descubrir la verdad a los seguidores de Juan Nadie, es calumniado y difamado. Desesperado, decide suicidarse como decía la falsa carta origen de todo. No os preocupéis, aunque con muchas lágrimas, acaba bien.
La película puede parecer simplista en su planteamiento y llena de palabras grandilocuentes vacías de contenido, pero tiene el encanto de la ingenuidad y la fuerza de los sentimientos. Determinados pasajes nos revuelven y nos muestran cómo el mundo ha cambiado muy poco desde sus orígenes pero, a pesar de todo, el film nos brinda la posibilidad de la esperanza, de creer que si nos olvidamos de nuestras diferencias podremos sobrevivir a todo lo que se nos presente.
El trailer, aunque en inglés, nos da una idea genérica de la película y nos presenta a los personajes.



Un extracto del discurso a la nación de Juan Nadie. Simples verdades como puños.



NOVEDADES

Después del éxito de la saga Milenium, parece que todo lo sueco se ha vuelto sórdido y oscuro. Con lo admirados que estábamos de su estado del bienestar y se ve que escondía más trapos sucios que el Palau de la Música. Ahora nos llega Aurora Boreal, basada en el best seller de Asa Larsson. Me fascina el contraste entre el paisaje nevado, símbolo de pureza, y la degeneración humana revestida de santidad. Promete.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Un camino de vuelta (6)

V

El inspector Caldén golpeó la puerta por tercera vez. En ese mismo instante ésta se abrió y el rostro desencajado de Josephine Prat apareció ante él. Su aspecto era frágil y delicado, todo lo contrario a lo que él había imaginado. Aunque había oído hablar de ella a los compañeros en comisaría, aquella era la primera vez que la veía. “La nueva puta de Barnes está muy buena” decían, “¡Cómo se las busca el jodido!”. Conociendo el pasado proxeneta del Gordo, no era de extrañar su buen ojo. Pero Caldén no esperaba ver lo que vio ni que saltaran a primera fila unos recuerdos que creía enterrados. Ella llevaba un vestido largo entallado de color vino hasta justo por debajo de las rodillas. El escote era en pico pero discreto. Los zapatos, de poco tacón, sin estridencias y a juego con el vestido. El cabello, de tonos castaños, estaba recogido en la nuca por un pasador con forma de mariposa. A pesar de su juventud, se la veía hecha y derecha, toda una mujer, pero seguía teniendo esa expresión ingenua en la cara como la primera vez que él la había visto, seis años atrás, en el prostíbulo de Max.
Seis años atrás Caldén no estaba pasando su mejor época. Tenía problemas con el alcohol, su mujer se había largado y los nervios le habían jugado una mala pasada en una detención sin importancia que acabó con un muerto y una suspensión cautelar. Entonces estaba destinado en otra ciudad, lejos, en el interior, donde los días se le hacían eternamente largos. Mientras se aclaraba su asunto y las aguas volvían a su cauce, Caldén pasaba las horas entre la bebida y las putas. El mejor local de la ciudad para ambas cosas era el Rex Max, propiedad de Max Montez. Allí, una noche de verano, el propio Max le propuso probar la nueva delicia del local. En otras circunstancias y con otro poli, Max Montez no se la habría jugado. Pero sabía que Caldén estaba en horas bajas y quería atraparlo en su telaraña para cuando las cosas pudieran cambiar. Max sabía tejer muy bien. Lo llevó al último piso, la tercera planta de su local, le abrió la puerta de una pequeña suite y se marchó. Caldén entró y cerró la puerta tras él. Le intrigaba qué sorpresita le tendría Max preparada. A un lado de la suite había una pequeña zona de bar y al otro lado, tras unas cortinas semitransparentes, una gran habitación con una cama enorme y espejos por todas partes, muy del gusto estridente de Max. En la cama, sentada en una esquina, había una muchacha de como mucho dieciséis años. Se envolvía con una sábana negra de seda, que había cogido de la cama, igual que el náufrago se agarra al salvavidas. Era bellísima. “¿Cómo te llamas?” le preguntó Caldén. “Josephine” respondió con un hilito de voz.
- ¿Sabes algo de Jon? – Por primera vez desde hacía un buen rato Josephine Prat se recompuso interiormente y recobró el control. Había reconocido a Sam y no quería mostrase débil ante él – Por eso vienes ¿No?
- En realidad lo estoy buscando – Samuel Caldén, Sam sólo para muy pocos, era una tormenta dentro de un contenedor de piedra - ¿De verdad no sabes donde está?
- No. Hace más de dos horas que debería haber llegado. Estaba muy nerviosa cuando has llamado a la puerta y, al abrir y verte, por un instante he pensado lo peor – Su voz perdía fuerzas a medida que hablaba - ¿Qué sucede Sam?
Al oír su diminutivo en boca de ella, después de tanto tiempo, el inspector Samuel Caldén recobró algo que creía perdido desde hacía mucho.

(Continuará)

De las muchas series que poblaron mi infancia, la de más glamour fue sin duda Los Vengadores (1961 – 1969), en especial de los años 65 al 67, con la maravillosa Diana Rigg en el papel de Emma Peel y Patrick Mcnee como John Steed. Se trata de una serie británica en la que una pareja de agentes resuelven las más enrevesadas y psicodélicas situaciones en la Inglaterra más pop.