
15:30. Salgo del trabajo y de unos confortables veintinomuchos grados y ¡¡ZAS!! ¡¡Vaya hostia me da el aire!! Es como pasar del Polo al Sahara en un nanosegundo*. Me recuerda Guandong, en China, cuando bajamos del autocar con aire acondicionado, frente al hotel, y la calicha más pegajosa y ardiente que uno pueda imaginarse nos engulló. La humedad se cortaba a rebanadas y se podía untar.
15:33. Llego al coche que se encuentra a la
tenue sombra de un árbol, pequeño pero árbol al fin y al cabo. Abro, entro y ¡¡
Agh!! ¡¡El volante quema!! ¡¡El respaldo arde!! ¡¡El asiento abrasa!! ¿Pero donde pongo yo el culo?
Después de unas cuantas piruetas y mil
saltitos en el asiento, consigo colocarme y arrancar: 37º a la
semisombra marca el termómetro. Bajo las ventanillas, conecto el aire acondicionado y empiezo a circular para que se airee el interior. No se da el caso. Por las ventanillas sólo entra aire más caliente todavía.
15:36. Trabajo junto a lo que aquí llamamos las Rondas, una especie de autovía que rodea la ciudad, por lo que en unos minutos me pongo a 80 km/h, límite máximo controlado por el Gran Hermano Municipal a través de su red de cámaras y radares. Sigue sin mejorar la cosa. El interior del coche continua ardiendo. El aire acondicionado (
pobret) hace lo que puede dadas las circunstancias (mi coche es un utilitario "8
years old"). Así que voy a 80 por hora, con las ventanillas bajadas, un
simún abrasador golpeándome por todas direcciones, el aire acondicionado puesto a tope y yo sudando cataratas que
reíros del anuncio ese del tipo que no podía levantar los brazos.
15:42. Después de unos minutos de calvario, llega el Vía
Crucis: ¡¡¡Atasco!!! Pero ¿Cómo es que hay atasco aquí ahora? ¡Aquí nunca hay atasco a estas horas! Me
cagoen.... Me encuentro ante la tesitura de o bien subir las ventanillas y apechugar con el "cálido ambiente" que he conseguido en el interior, o bien dejarlas bajadas, desconectar el aire acondicionado y sacar la cabeza por la ventanilla para que la vertiginosa velocidad que llevo (5 km/h) me recuerde lo feliz que soy en estos momentos. Opto por la primera opción.
16:05.
Afortunadamente el atasco ha sido intenso pero breve y consigo llegar a casa sano y caldo. Hecho caldo, vamos. Mis pantalones y mi camisa se pueden escurrir hasta obtener el líquido con que regar las plantas que podamos
encontrar en un balcón medio. Ya sólo me queda ducharme y meterme dentro de la nevera hasta mañana, día para el que se anuncian
temperaturas similares a las de hoy ¡Qué bonito!
* Nanosegundo: lapso de tiempo que transcurre desde que el semáforo se te pone verde y el de detrás toca el claxon.