viernes, 26 de febrero de 2010

Sucedió una noche

Los viernes comedia: It Happened One Night (1934). 1934, habéis visto bien. Y ¿Qué pasó en 1934? Pues que por primera vez en la historia de los Oscar una película conseguía los Big Five, los cinco grandes, mejor película, mejor director, mejor actor y actriz principales y mejor guión (en este caso adaptado). Tendrían que pasar 41 años hasta que otra película pudiera repetir la hazaña. Y ¿Qué tenía y tiene esta película para tal logro? Pues nada más y nada menos que a Frank Capra de director (Qué bello es vivir con James Stewart, Horizontes Perdidos con Ronald Colman, Juan Nadie con Gary Cooper, Caballero sin espada con James Stewart, Arsénico por compasión con Cary Grant,….y esto no se acabaría nunca) y a una pareja protagonista formada por Clark Gable y Claudette Colbert, de las mejores que haya tenido Hollywood.

Ésta siempre ha sido una manera clásica de para un coche.

El argumento: Ellie (Claudette), una rica heredera que está dispuesta a hacer lo que sea por escapar de la estricta vigilancia de su padre, se casa con el caza fortunas Westley, pero su padre lo impide. Entonces ella escapa, casi con lo puesto, y toma el autobús nocturno a Nueva York. Allí conoce a Peter, periodista en paro, listillo y buscavidas, que la reconoce y le propone un trato, él la ayudará a escapar y reunirse con Westley a cambio de la exclusiva, si no accede, avisará al padre de ella para cobrar la recompensa que éste ofrece por la localización de su hija. Ellie accede. Aunque la película se llama sucedió una noche, en realidad pasan varios días juntos, entre el autobús, los moteles, haciendo autostop, etc. La relación estrecha y la química que surge entre ellos harán el resto. Aunque cerca del final del viaje se separan por un malentendido y ella cree que él la ha abandonado por la recompensa y él que ella lo ha dejado para casarse con su prometido, todo llegará a buen puerto.
Para el éxito del film colaboraron no sólo la química mencionada de la pareja protagonista, sino también la frescura del rodaje en exteriores, la agilidad del guión y el hecho que en gran parte de la película vemos situaciones y personajes de la América real, la que estaba pasando la Gran Depresión, que se podía identificar fácilmente con el personaje de Peter, alguien del pueblo, luchador, espabilado, capaz de salirse por sí solo, y su cuento de hadas al revés.

En primer lugar, una de las escenas más conocidas de la película, la clase de autostop.




Clark era un duro de corazón tierno y Claudette tenía unas lágrimas capaces de derribar montañas.




Por las mañanas las cosas siempre se ven de otra manera, sobretodo cuando hay buena química.




Aquí dejo unas impresiones del director Frank Capra que nos habla de las dificultades para iniciar el rodaje de la película, lo que demuestra que en ocasiones la conjunción de los elementos más inesperados consigue el éxito.




Feliz fin de semana para todas y todos y hasta el mes que viene.

jueves, 25 de febrero de 2010

Hoy toca un poco de música

Hace días que no pongo música así que hoy me he dicho “vamos p’allá”. Empezaremos por unos clásicos en su mejor momento. Esta canción es de la banda sonora de su segunda película, Help!, y es una de esas joyas pop que parecían fabricar como los churros, tal era su talentazo.



Ahora damos un salto mortal de veinte años hacia adelante ¡Ale Hop! para encontrarnos con esta maravillosa mezcla de jazz, swing y pop del grupo Swing Out Sister, una delicia para los oídos. ¡¡Corinne!! ¡¡Oh Corinne!! ¿Por qué no contestaste mis cartas? ¡¡Con lo felices que habríamos sido!!



Veinte años aún más adelante y nos encontramos con Dido que, con ese terciopelo de voz que tiene, dice que si no creyera en el amor nada valdría la pena. No sé qué me pasa con las mujeres que cantan pero me cautivan.



Mañana cine. Besos ;-)

martes, 23 de febrero de 2010

A vueltas con un mapa

Me pinchan y no sangro. Acabo de enterarme que el Ministerio de Igualdad va a gastarse 26.000 eurazos en un informe que llevará por título “Mapa de inervación y excitación sexual en clítoris y labios menores, aplicación en genitoplastia”. Así, a bote pronto, parece una broma. En medio de la crisis más galopante de las crisis galopantes que podamos haber tenido/padecido a lo largo de la historia, un ministerio se va a gastar 26.000 € en saber por donde ha de tocarse una mujer para darse placer y va a plasmar ese conocimiento en unos bonitos gráficos. La cosa tiene su guasa porque el representante del ministerio es una mujer, la ministra Bibiana Aído, que digo yo que no creerá que ésa sea la gran y urgente preocupación que tienen las mujeres de este país en este momento.
Luego, si uno se fija en la coletilla final del nombre del informe (aplicación en genitoplastia) puede colegir que dicho informe habrá de servir para que la ciencia médica sepa el cómo, el cuando y el porqué a la hora de realizar reconstrucciones genitales femeninas en mujeres (obvio) y en hombres (cirugía transexual). Bien. Y digo este bien sin segundas ni terceras intenciones. Si se ha de gastar el dinero de los impuestos de todos, que sea para procurar el máximo bienestar físico y psíquico posible a nuestros conciudadanas/os que puedan necesitarlo, en éste o en otros ámbitos.
Pero, siempre hay un pero (nunca podemos tener la fiesta en paz), resulta que conocemos por la prensa que el ministerio de la señora Bibiana lleva gastados 845.803 euros en un total de 22 informes (recordemos que es un ministerio de nueva creación en esta legislatura por lo que no lleva funcionando ni 2 años escasos), con títulos tan suculentos como “Topografías domésticas en el imaginario femenino. Una visión comparativa, transnacional y hemisférica” ¿¿?? (15.000 €) o “Ética, religión y normativa de género: el papel de los principios en las sociedades tradicionales y en las democracias complejas” ¡50.000 €! ¿¡¿¡¿¡!?!?!?
Como yo sólo tengo vocabulario pero no la alta visión que nuestros próceres atesoran, me esperaré a que a final de año el ministerio citado publique su informe anual, con los proyectos y acciones llevados a cabo, para poder opinar con conocimiento de causa. Y si no es a final de año, será a final de legislatura, que quedará más bonito, para poder enseñarlo a la audiencia, digo a los votantes, y restregárselo por la cara a esos “caraextreñidas” del PP.
Mientras tanto, no me resisto a mostrar a la persona que va a realizar el informe mencionado al principio, que nos mostrará la metodología de trabajo que va a emplear:

La doctora Amor en plena labor de investigación.

Ya estoy oyendo “cerdo machista” “si eres como todos” “ya has sacado tu verdadera jeta”. Para todos los que así piensen, no duden que en cuanto haya ocasión y motivo apropiados, no me dolerán prendas en mostrar a algún casto varón en actitud homóloga. Si me encontráis la noticia, más pronto ocurrirá….

viernes, 19 de febrero de 2010

S. i. L. ;-)

Los viernes comedia: Shakespeare in love (1998). Una de mis películas favoritas sin duda. Shakespeare ha dado, da y dará mucho juego a través de la representación de sus obras, pues éstas tratan de las pasiones y pulsiones más elementales que embargan al ser humano: amor, ambición, traición, etc., sentimientos y emociones que recorren nuestra historia como especie y que nos equiparan a todos nuestros congéneres de todas las épocas. Por eso sus obras tienen el carácter de universales. En esta versión “imaginada” de cómo pudo haber sido la creación de quizá su obra más conocida, Romeo y Julieta, aparecen los elementos citados anteriormente para conjugarse en una deliciosa historia que no fue pero pudo haber sido.

Fennyman y su hombre de confianza pidiéndole explicaciones al empresario Henslowe sobre la marcha de la obra.

El argumento: William Shakespeare (Joseph Fiennes) es un joven escritor, aunque ya conocido, que se ha quedado sin ideas y sin amor. No se ha quedado sin dinero porque es dudoso que lo haya tenido nunca, al igual que su empresario Philip Henslowe (Geoffrey Rush, absolutamente maravilloso), que está endeudado con el prestamista Hugh Fennyman (Tom Wilkinson, otro secundario para quitarse el sombrero), al que solo se le ocurre ofrecerle asociarse en la nueva comedia de William “Romeo y Ethel, la hija del pirata” que asegura que será un éxito (aunque no le dice que William apenas ha escrito nada de ella) pero Fennyman acepta (posteriormente William le ofrecerá un papel en la obra y el prestamista descubrirá su verdadera vocación sobre las tablas).

La hermosa Viola de Lesseps.

Con estos escasos mimbres comienza la selección de los actores. Viola de Lesseps (Gwyneth Paltrow), hija de un comerciante enriquecido rápidamente, travestida bajo la apariencia del joven Thomas Kent (pues las mujeres tenían prohibido actuar y los papeles femeninos los interpretaban hombres) se presenta a las audiciones pues su sueño es actuar. Allí ya atrae la atención de William que lo sigue mientras Kent huye a su casa donde se celebra una fiesta. William se cuela en ella y allí conoce a Viola y ya saltan las primeras chispas. Thomas es identificado por el ama de Viola como su sobrino, entra en el elenco para el papel de Romeo y pasa a ser confidente del amor de William por Viola. Existe sin embargo, aparte de la diferencia social, un gran impedimento para el amor de la pareja: el padre de Viola la ha dado en matrimonio a Lord Wessex (Colin Firth), aristócrata arruinado que tiene intención de marchar a América tras la boda para remontar una plantación que posee con el dinero de su futuro suegro.

William Shakespeare

La trama y los ensayos avanzan, la obra ya se llama Romeo y Julieta y ha cambiado su orientación inicial de comedia. Mientras van en barca por el Támesis a casa de Viola, Thomas, ante el discurso de ardiente amor que William expresa por Viola, le besa apasionadamente y salta a tierra huyendo, lo que deja a William confuso por unos instantes hasta que el barquero le dice que Thomas es Viola. William la seguirá hasta la casa y pasarán su primera noche juntos.
Pero el destino de Viola está marcado y se ha de casar el mismo día del estreno de la obra, además se descubre que es una mujer y el Maestro de Festejos de la reina cierra el teatro. Sin embargo, como dice el empresario Henslowe a lo largo de la película cuando el infortunio parece que va a hundir la obra “Todo saldrá bien ¿Cómo? No lo sé, es un misterio”.

Thomas Kent

Pero por un giro del destino el actor que ha de hacer de Julieta está afónico. Viola se escapa a la salida de su boda para ir al nuevo teatro conseguido para la representación y acaba interpretando a Julieta y William a Romeo, en una mezcla de dos amores imposibles, el "real" del film y el ficticio de la obra, que conviven en una misma pareja. El final de la representación embarga a todos los presentes y no es para menos: acaban de ver LA VIDA, con mayúsculas. El final del film separa a los amantes, Viola ha de partir hacia América con su esposo. Pero no importa, se tendrán siempre uno en el corazón del otro y, como se dicen mutuamente en la despedida, “nunca envejecerás para mí, ni te marchitarás, ni morirás”.
Llena de diálogos bellísimos e ingeniosos, con mucho humor, acción, una ambientación cuidada hasta el detalle, la película fue la gran triunfadora de los Oscar de aquel año, llevándose siete, entre ellos los de mejor película, actriz principal (Gwyneth Paltrow) y actriz de reparto (Judi Dench por su breve papel de Isabel I de Inglaterra).

Para los que no la hayáis visto
os recomiendo vivamente que lo hagáis.
Para los que sí la conocéis,
nunca es mal momento
para volver a recordarla.

Pues si buscáis en el fondo de la memoria
el instante de más viva luz en vuestras vidas,
no fue otro que aquel en el que el amor
os llenó el corazón de pasión y dicha.


Aquí están los primeros diez minutos al inicio de la representación de Romeo y Julieta en el teatro Curtain que los colegas actores han dejado a Henslowe y su compañía.



Y aquí los diez minutos con la segunda parte de la obra y la explosión de júbilo del público ¡Quien pudiera haber estado en ese estreno!



Os deseo a todos un muy feliz fin de semana.

jueves, 18 de febrero de 2010

ARCO (y flechas)

Buena se ha montado en la feria de arte ARCO. El escultor Eugenio Merino ha presentado su obra titulada “Escalera hacia el cielo”, que podéis ver arriba, en la que muestra una torre humana formada por un musulmán, un católico y un judío, por este orden y de abajo arriba. La embajada israelí en Madrid ha montado en cólera y ha emitido un comunicado expresando su rechazo a la obra y criticando que en nombre de la libertad de expresión se disfracen de arte prejuicios y estereotipos. Se reaviva la vieja polémica de los límites entre lo que es artístico y lo que es oportunismo y provocación. Personalmente la obra de Merino no me parece nada del otro jueves aunque le reconozco cierta guasa cuando declara que ha hecho “una pieza que se supone que habla de la unidad de las religiones y de la alianza de civilizaciones en cualquier caso”, aunque también se podría interpretar, viendo la obra, que los judíos, con la ayuda de los católicos, someten a los musulmanes. Pero para interpretaciones simplistas ya está la embajada israelí. Nunca entenderé esa “piel fina” con la que se asumen determinados dogmas. Si nadie le diera la más mínima importancia (que no la tiene) la escultura de Merino habría pasado con más pena que gloria. Ahora, sin embargo, ha conseguido portadas y minutos en los medios. En ocasiones parece que determinados gobiernos, asociaciones, estamentos religiosos (de todas las religiones) y demás miembros del club “Cuidado con nosotros que nos ofendemos a la mínima” en realidad trabajen de gabinetes de relaciones públicas y promoción. Para sí querrían muchas agencias del sector publicitario el éxito que consiguen esos advenedizos. Para demostrar que las cosas de ARCO siempre han ido con el perfume “escándalo” y sus consecuencias, el genial Forges ya retrataba así las cosas en la lejana edición de la feria en 1999.


Por cierto, mañana edición especial de Los viernes comedia. No os la perdáis. (Toma ya, esto sí que es publicidad)

martes, 16 de febrero de 2010

Por qué nunca me han gustado las palomas

No me resisto a presentaros esto.
La próxima vez que veáis una paloma la miraréis con otros ojos ¿No?

lunes, 15 de febrero de 2010

Momentos

Cielo plomizo y frío del carajo. Apenas dos grados sobre cero. Camino por la calle notando el viento helado en la cara. La atmósfera ambiental se asemeja a la de una cámara frigorífica gigante. La sensación es como ir atravesando una etérea gelatina a punto de congelarse ¿Cómo será salir a la calle con quince o veinte grados bajo cero? Aparto de mí esos felices pensamientos y me concentro en mi caminar. Son las doce del mediodía pero parecen las seis de la tarde. Voy embozado en mi abrigo negro. Le tengo un gran cariño. Fue de mi padre, fallecido hace cuatro años. Él se lo había comprado otros tantos, o más, años antes pero sólo se lo llegó a poner un par de veces, pues al volver a casa desde la tienda se fijó mejor y se dio cuenta que era demasiado largo para su estatura, así que me lo regaló. A mi padre le gustaba comprarse ropa y mirarse en el espejo con frecuencia. Yo he “sacado” algo de esas costumbres (alguien que yo me sé diría aquí que mucho). Siempre me ha parecido curioso el hecho de tener cariño o aprecio por cosas (ropas y objetos diversos) como si en ellas se hubiera incrustado indisolublemente la esencia de determinados momentos, sensaciones y personas, para de esta forma tenerlos con nosotros para siempre. Algo así como si al abrir una botella del whisky MacKinlay congelado por más de cien años en los hielos antárticos sintiéramos el sabor de la aventura de Shackleton en nuestros paladares, algo a todas luces ilusorio para una mente racional, pero ¿Quién quiere ser racional? Pues embozado en mi abrigo y con un gran foulard negro a modo de bufanda, voy avanzando a través de la gelatina tan ricamente. Parece que la meteorología esté confabulada con los tiempos que estamos viviendo, también grises y fríos, o quizá son impresiones mías, producto del momento. Estoy en mi salsa. Otro bonito día de invierno.

Pero no solo las cosas atrapan sensaciones, la música y las imágenes también: Last train home de Pat Metheny Group, con unos bonitos fragmentos de la película “El tren del infierno” (1985) de Andrei Konchalovsky, basada en un guión original de Akira Kurosawa.